domingo, 17 de febrero de 2013

AULAS SANGRIENTAS


                                                





Jueves, hora 23, noche fría de invierno, Liceo Departamental Prof. Juan Luis Perrou. Ana Laura Martínez corre por el patio interno, grita, o lo intenta… porque de su boca emana mucha sangre; débil, casi sin fuerzas, abre el aula de biología y se interna: anonadados, veinte estudiantes la miran, incluso el profesor que arquea las cejas por la sorpresa. Ana Laura respira con dificultad, extiende sus manos tembleques y manchadas de sangre hacia los presentes y susurra un apenas audible “ayúdenme”, Ana Laura Martínez exhala por última vez y cae al suelo, MUERTA.  Afuera, se oye un trueno.
                                           

                                       AULAS SANGRIENTAS
   
        El día gris presagiaba tormentas aisladas, como las que eran impertinentes en esos días, aún así el ambiente del liceo no decaía, todos se encontraban ocupados en los preparativos del acto por los cien años del liceo, todos menos Malena Aguirre que salía del aula número diez poco más que arrastrando los pies. Se encontraba abatida por las notas recibidas en Historia, que si bien no eran malas ella creía que podían ser mejores. Malena era la mejor de la clase de sexto de Derecho en casi todas las materias, brillaba por su gran intelecto y era la admiración de profesores y alumnos. A la salida, parado frente al salón nueve, se encontraba Martín, un chico de sexto de Economía que siempre estaba solo, vestía ropas oscuras con adornos macabros y  pasaba el día entero hablando de películas de terror o música metalera. Aún así, y pese a las grandes diferencias en cuanto a la personalidad, Malena y Martín eran grandes amigos. Cuando ella lo vio, notó una sonrisa morbosa que tanto le conocía.
-          ¡Ya sé, no me vengas con puro cuento! - le anticipó mientras ambos empezaron a transitar el largo pasillo hacia las escaleras.
-          ¡Con puro cuento decís! ¡Ja! Todos parecen felices y distraídos, porque nadie quiere hacerse cargo de lo que aconteció la pasada noche.
-          ¡Ay! No digas pavadas, son puros rumores, a mí me dijeron que falleció de un paro cardíaco.
-          ¡Te mintieron! A Ana Laura la mataron, tengo una amiga en el sexto de Medicina y me contó que estaba en el aula de biología y la vio y todo, qué cosa rara ¿no? Me dijo que el subdirector les advirtió que no podían contar nada y sospechosamente no tienen clases por toda la semana ¿no te parece raro?  Y si la primera aula que había para pedir ayuda era la de biología, tuvo que haber venido desde la adscripción o la sala de profesores…
-          ¡Estás insinuando que los profesores tuvieron algo que ver con su muerte!
   Gritó, y Martín asustado le imploró silencio justo cuando el profesor de matemáticas pasaba a su lado y les dedicaba una mirada fría y calculadora.
   Ambos bajaron a la planta baja, los alumnos se movían de un lado a otro haciendo sus quehaceres antes de que culminara el recreo y volvieran a la última e interminable hora de clase. Martín llevó a Malena hasta quedar a centímetros de la sala de profesores y disimularon tener una conversación normal hasta que el liceo quedó casi vació de alumnos y profesores.
-          ¿Me podés decir qué hacemos acá? - se quejó ella cansada
-          ¿No te parece que la extraña desaparición del director y el asesinato de Ana Laura tienen algo que ver?
-          Paro Cardíaco - le corrigió, aunque ella también lo dudaba…
-          Bueno, pero que tal si entramos en el extraño cuarto que hay adentro del salón de profesores y que nadie conoce, capaz averiguamos algo.
   A Malena le encantaban los misterios y los juegos de detectives, pero ese caso parecía o bien, una locura o un delirio de Martín, pensó un poco y miró  a ambos lados, nerviosa.
-          Vos sabés que los rumores son ciertos, ¡no los ignores por miedo!
Le dijo él intentando convencerla de una vez. Ella suspiró, pero no se quejó, lo que le dio a Martín la pauta para seguir adelante. Dentro del salón, se encontraba el profesor de historia, bebiendo una taza de café y con los ojos enfocados en unos trabajos a corregir.
-          Yo lo llamo y lo distraigo para que me explique algo, vos entras disimulada.
-          ¡¿Eh?! ¿Por qué yo? Sos vos el que querés jugar a Sherlock Holmes.
-          ¡Sí, lo sé! Pero yo lo puedo distraer, se acerca nuestro parcial, si esperamos a que se vaya puede demorar mucho y sería sospechoso que anduviéramos en el liceo sin tener clases, en cuanto él se vaya yo entro detrás.
   Malena volvió a suspirar, cada vez le gustaba menos el plan, Martín se acercó hacia la puerta y la entreabrió, el profesor alzó la vista.
-          Profe… María Antonieta, sans culottes, absolutismo, el consulado… ¡tengo un matete en la cabeza! Me va a ir mal en le parcial. ¿Podrá ayudarme? Bajé material de Internet pero no sé si estará bien.
   El profesor se paró de su asiento y fue a su encuentro, Martín lo llevó hacia una mesa que estaba cerca del salón pero de forma que quedó a espaldas de éste. Demostrando sus dotes de actriz, Malena dio a entender que se debía marchar y despidiéndose se dirigió hacia la puerta que daba a la salida por el costado del edificio, pero sin que el profesor se percatara desvió su camino hacia el salón de profesores y una vez allí entró rápidamente al cuarto misterioso.
   La escena que vio la impactó y la descolocó al instante. Dentro, se encontraban reunidos todos los profesores, ella al entrar integró parte de la ronda que formaban; estaba todo casi oscuro, sólo algunas velas daban un débil resplandor a las paredes y las sombras se movían fantasmales. Pero lo impactante fue ver, en el centro del cuarto, un sillón donde posaba un extraño ser, lo creía humano, pero su piel parecía derretida, cómo la cera que caía a los lados de las velas; Malena pensó que estaba muerto, pero notó que muy débilmente su pecho subía y bajaba.
-          Buenas noches, fiel tributo - dijo seriamente Melissa Hueco, la profesora de literatura. - Y que tu alma descanse en paz luego de tu valiente sacrificio.
La profesora de filosofía se adelantó unos pasos sosteniendo un enorme y viejo libro, y haciendo el esfuerzo para leer en la oscuridad  dijo:
-          Y que la sangre del tributo, seleccionada entre la mayoría por su desbordante inteligencia sea justa para alimentar el alma del director y del liceo, que luego de cien años necesita renovación, para seguir funcionando como institución educativa.
-          Aliméntenme ya, estoy perdiendo fuerzas… ¡Y que esta vez no se escape! Como la de ayer… - dijo con voz ronca el director mientras se esforzaba por mantener su cuerpo moribundo y marchito con vida.
   Todos los profesores reunidos se tomaron de la mano, y cerraron sus ojos entrando en una especie de trance. Malena sintió un fuerte escalofrío y ganas de llorar, paralizada por el terror intentaba entender la situación, se dio vuelta para escapar pero cortando el camino se encontraba el profesor de historia y Martín, éste último la miraba con su característica mirada morbosa, entonces le dijo:
-          ¿Hacia dónde vas? El misterio recién comienza.
Y le enseñó un afilado cuchillo. Y en cada rincón del Perrou, se oyó un grito.     


NOTA: Cuento con el que represento a Colonia en el libro que se hizo por los 100 años de los liceos en Uruguay (2012). Ni les cuento lo complicado que me resulta escribir sobre una idea sabiendo el poco espacio que tengo disponible para hacerlo, y si bien la historia daba para que escribiese mucho más fue un reto interesante intentar adaptarla a las condiciones que tenía.

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