jueves, 28 de febrero de 2013

Guía rápida para deshacerse de monstruos y espíritus malignos


Me veo en la obligación de subir un post aparte de lo que comúnmente subo (relatos basados en hechos cien por ciento reales) para contestarle a todas aquellas personas que vienen hacia mí pidiéndome ayuda.
Por el barrio la gente conoce mis excentricidades, los vecinos saben mis gustos por lo paranormal, lo esotérico y lo misterioso. Mi madre, a la hora del té,  me vende entre sus amigas como un curandero o alguna clase de brujo.  Lo cierto es que exagera mucho,  yo no soy brujo ni nada por el estilo, aunque mi fascinación por la parapsicología y mi contacto con las energías misteriosas que mueven este mundo me han hecho valer de un gran conocimiento.
La tal fama y reconocimiento del que erróneamente soy portador se debe principalmente al acontecimiento que sucedió la noche del tres julio de hace un par de años.
Ocurrió que mi vecina Olga tenía un duende invasor en su casa, jamás me hubiese prestado a ayudar a la mujer que miraba novelas con el televisor a todo volumen y distraían mis horas de estudio, pero al fin lo hice cansado ya de no poder dormir porque el duendecillo diabólico se paseaba por el jardín de ella cantando canciones fúnebres todas las noches.
Algo había leído sobre ellos así que me informé bien en internet y logramos deshacernos de él comprando un talismán de la suerte por mercado libre (qué baratas están las películas originales en ese sitio!)
Luego de este incidente fui reconocido en el barrio por mis “habilidades para repeler malos espíritus”

A continuación les dejo varios mensajes que me han dejado por correo algunos vecinos, lo hago con la intención de que si alguno de ustedes, desesperados, buscan alguna explicación a alguna actividad paranormal en su hogar metiéndose en internet, se topen con estos mensajes y les sea de ayuda:


María Olivera de 34 años dice: Hola señor exorcista, quisiera saber cómo hago para  callar a mi heladera, cada vez que la abro me conversa sobre algo, me comenta sobre los productos que allí guardo o me bromea con que hace frío. A veces la muy atrevida me piropea (más que nada cuando me pongo mi pollerita de jean) y varias veces le ha dicho palabrotas a mi hijo cuando olvida cerrar bien su puerta. Quisiera saber si cobrás algo por tu servicio, si es así, aguántame hasta el primero que es cuando cobra mi marido.  María.

Hola María, no, no cobro nada. En tu caso no creo que los japoneses hayan inventado heladeras que hablen de seguro hay un espíritu allí dentro ¿la heladera es nueva? Quizás su antiguo dueño guardaba los restos de sus víctimas allí dentro para que se conservaran y la heladera quedó maldita. Quizás es un demonio, si es así, guardá en ella un frasco con agua bendita (ojo, que no se congele) si el demonio no se va, o bien, aprenden a convivir con él o empiezan a guardar ajos y cebollas podridas ¿quién puede vivir en un lugar donde haya ese olor?

Pasemos a la siguiente:

Este es de Roberto, de cuarenta años: Hola, mi cristianismo no me permite hablar con gente como usted, despreciable y con poderes del diablo, pero estoy preocupadísimo, mi señora no deja de hablar Latín y Hebreo, no deja de vomitar ratas y gira la cabeza trecientos ochenta grados sin problema, yo creo que Dios la ha bendecido, el problema es que usa las hojas de su Biblia favorita para hacer barquitos de papel.

Hola Roberto,  un gusto también conocerlo, mire, yo creo que quien tiene poderes del diablo es claramente su esposa ¿cómo no lo pudo notar?  ¡Esa mujer está poseída! Tiene que llevarla de inmediato a su iglesia, y si no quiere entrar de seguro se irá corriendo a refugiarse a algún lado. Pero  como estamos rodeados de mar y su mujer sabe hacer barquitos de papel al menos sabemos que  va a estar entretenida.


Pasemos a otro:

Verónica de catorce años dice: aaaaaa tenes que ayudarme me persige un fantasma todo el tiempo cuando salgo de vaniarme me sincha del pelo y cuando voi a tomar agua me empina el vazo y me empapo toda q hagoooooo decimeeeeeeee.  Xq me pasa esto ami X(

Hola Verónica, bueno, por lo que veo el fantasma es un poco travieso, y viendo claramente la destrucción que le hacés a la lengua española de seguro quien te acosa es el fantasma de Miguel de Cervantes, y de ser así te lo tenés merecido.


Mejor pasemos a otro:


Este es de Andrés de veinte años:  Qué hacé locoo, na te escribía porque me está pasando algo re loco. Hay un fantasma mexicano en mi dormitorio que me traje sin querer de mi excursión a México.
Si pongo música muy alta escucho que me grita “pinche wey! Bájale a la música y vete a chingar a otra parte!”
El otro día jugamos al juego de la copa con unos amigos y le preguntamos cómo había muerto, en palabras textuales me dijo “pss, es que mi burrito se cruzó la calle, cundo fui a recogerlo un chavo fresa me chocó con su coche”
Pero casi siempre es muy mala onda con todos, cuando mi hermano corre por la casa le grita “orale  pendejo, no te vayas a caer, pues” y cuando le pedí que por favor se fuera me respondió:
“no mames, yo no me voy de aquí naco, este lugar está bien chido y tu novia está bien buena”
¿Qué hago, bo?


Hola Andrés, bueno,  es extraño porque los mexicanos aman mucho a su país y es raro que un fantasma se haya marchado de él, teniendo en cuenta que los fantasmas vagan por la tierra porque tienen que cerrar alguna etapa, dudo que pueda hacerlo estando a tanta distancia.
De seguro es un fantasma que te juega una broma o un duendecillo diabólico.


¡Ah! Bueno me cansé de tantos mensajes. Si lo creeré necesario abriré otro post más adelante con más mensaje, ahora me retiro a mirar NEW GIRL no sin antes contarles una anécdota:

Una vez vino una señora (cuyo nombre no diré para protegerla) diciéndome que su hijo estaba enfermo y sospechaba de algo siniestro. Cuando lo fui a visitar, noté que el niño de once años (menudito y bastante enfermo) tenía unas marcas en el cuello.
-          ¡Ah! Es obvio. –le dije a la mujer que me miraba interrogativa. – Es víctima de un vampiro.
La mujer casi que se desmaya de la impresión así que nos sentamos en su living y le expliqué todo sobre chupa sangres.
-          Y para ayudar a su hijo – culminé mi charla. – usted debe cerrar muy bien la ventana de su cuarto para que el engendro del demonio no entre en forma de murciélago. No importa si su hijo le exige que la abra ya que los vampiros hipnotizan a sus víctimas.

Pasaron un par de semanas antes de que la señora Mirta Ramírez volviera a pedirme ayuda ya que su hijo no hacía otra cosa que empeorar, así que le ordené que cerrara su habitación con llave y no dejara ni a la ama de llaves ni a la institutriz entrar en ella (al principio barajé la posibilidad de que esta última fuera un hombre-lobo) Sólo ella, su madre,  podía entrar en la habitación.
Una semana después recibí una carta suya diciendo en desesperadas palabras que su hijo estaba al borde de la muerte, que de nada servía mantener la puerta cerrada. Ya cansado y un poco loco me levanté de mi asiento, le pedí a un criado que me preparara el carruaje hacia su casa y en cuanto llegué aquella misma tarde la encontré a la señora tomando el té con unos señores bien coquetos e importantes del pueblo, me paré sorpresivamente en un lugar donde todos pudiesen verme y grité encolerizado:

-          ¡TÚ, VIEJA TONTA! ¡TÚ ERES EL VAMPIRO QUE BEBE LA SANGRE DE TU HIJO! ¡VEO POR TU CARA QUE NO LO SABÍAS, PERO SÍ, ERES UN VAMPIRO QUE SE CIEGA POR LA SANGRE EN LAS NOCHES Y MATA DE A POCO A SU PROPIO HIJO! ¡Bruja! ¡Maldita!






sábado, 23 de febrero de 2013

TERROR BAJO LA LLUVIA





        La primera que anticipó la lluvia fue doña Jacinta que en cuanto sintió la humedad en el aire y el dolor en sus rodillas corrió al patio de su casa a juntar la ropa del tendedero. Dos casa más arriba Virginia y Juan, los recién casados, preparaban las últimas maletas para su luna de miel; su vecina, María Elena, observaba el cielo despejado con extrañeza, ella también sentía el ambiente pesado y suponía que el calor denso de esos días terminaría con un buen aguacero.
- Esta noche se larga. – le dijo a su hijo entrando en la cocina de su casa donde había dejado la caldera en el fuego. Su hijo Tomás, bueno en matemáticas y malo en los deportes, levantó levemente la vista de su celular para echarle una mirada desaprobadora que ella no vio por estar ocupada gritándole a su hija que dejase de jugar en el patio con la hija de los Medina y que entrara a tomar la leche.
Vania Medina, de ocho años, se dirigió a su casa pasando silenciosamente por enfrente de la casa de Cacho, el viejo bribón del barrio que tenía la casa descuidada, lleno de cacharros su patio delantero y un inmenso perro tan malo como él.
Se sentía exhausta de tanto jugar sin supervisor y hambrienta por no comer desde el medio día; y eso que sólo hacía un día que sus padres se encontraban de viaje. 
Entró en la habitación de Eugenia, su hermana, y la vio concentrada frente al monitor de su pc, dando carcajadas de vez en cuando y tamborileando el teclado seguidamente de la risa.
Eugenia tardó unos segundos en ver a su hermana parada con el picaporte en la mano y le ordenó a que se fuese a bañar, prometiéndole que luego verían una película acostadas en su cama y con una suculenta cena.

A media noche la lluvia torrencial había empezado a caer hacía rato y las hermanas se encontraban observando el barrio por la ventana. La cena había sido pizza de delivery y la película más aburrida que los documentales del colegio. Sólo les quedaba dormirse pero tanto Vania como Eugenia habían heredado de su madre el terror por las tormentas.

Mirar por la ventana era bastante inútil ya que la abundante lluvia no permitía ver casi nada y cada vez que caía un rayo o sonaba un trueno ambas se sacudían levemente en sus asientos.
Vania no podía entender cómo de unas nubes podía caer tanta agua, Eugenia no podía creer que justo ese día en que sus padres no se encontraban había caído tal diluvio.
- ¿tenés miedo, verdad? – le preguntó Eugenia a su hermana sin correr la vista de la ventana, deseaba irse a sentar frente a la pc pero hasta a una hermana poco cariñosa como ella le costaba dejar a su hermana tan asustada. Ella había meneado la cabeza en signo negativo pero su miedo era latente en sus ojos.
Pasaron cuarenta y cinco minutos y poco habían hecho en ese tiempo, la lluvia caía incesantemente, el barrio se veía totalmente vacío de gente y los ladridos del perro de Cacho se escuchaban incluso ante el ruido ensordecedor de la lluvia cayendo sobre las chapas del techo del jardín. De seguro seguía atado bajo la lluvia mientras su dueño se encontraba dormido por la borrachera en un sillón de su living.
- Bueno, será mejor que te acuestes, si querés puedo leerte algo.
Le dijo Eugenia recordando que era lo que todo el mundo le hacía a los niños asustados, aunque nunca le hubiese leído algo a su hermana ni tampoco sus padres lo habían hecho a ella. Vania se sorprendió por la propuesta pero no la negó. Eugenia fue hacia la pequeña estantería del living mientras que la pequeña se acomodaba en la cama y cuidaba que la manta estuviese bien sujeta bajo el colchón, no fuese el caso que estuviese floja y en medio de la noche uno de sus pies se asomara por la tela y fuese apresado por un monstruo.
- A ver… - dijo Eugenia abriendo el libro infantil con el dibujo de una oruga en la portada. – Martita era una oruga que vivía dentro de una lata de atún y… ¿de qué te reís, mija? – le dijo al ver el rostro sonriente de su hermana.
- Ese libro es para bebés, Euge. Mamá me lo leyó cuando tenía cinco años.
Eugenia bajó el libro frustrada y la observó ofendida.
- Bueno nena . – le dijo. – Y yo qué sé ¿qué querés que lea?
Pero la niña había enmudecido y miraba la ventana atenta. Eugenia notó el silencio en la casa y entendió que la lluvia había cesado.
- Por fin. Tanta agua me pone nerviosa, juro que creí que mañana íbamos a tener que andar en canoa por el barrio si no cesaba de llover. – dijo mientras se paraba, dejaba el libro sobre la mesa de luz y se dirigía a la puerta de la cocina que daba al patio trasero, cuando la abrió vio anonadada el cielo como jamás había visto de noche: de un gris muy intenso, bajó la vista para ver el desastre que había hecho la lluvia: la ropa caía empapada de la cuerda, las sillas se habían caído y las macetas se encontraban a tope, también vio una gran bolsa de nylon arrojada sobre el pasto y que pensó que había arrastrado el aire, pero supuso que la teoría era errónea ya que la tormenta no había arrastrado viento, caminó sobre el pasto hundiendo las zapatillas en el barro tri tri tri  y cuando fue a tomar la extraña bolsa toda arrollada y mojada sintió un grito en la lejanía que la hizo enderezarse al instante. Mantuvo los oídos en alerta hasta que otro grito de mujer fue bien audible en la noche, intentó correr hacia la seguridad de la casa cuando recordó la bolsa de nylon y cuando volvió a recogerla vio con total sorpresa cómo comenzaba a moverse.
- Euge ¿qué pasa? – se escuchaba desde la puerta a la pequeña Vania que también había oído los gritos. - ¡Euge!
La bolsa empezó a tomar forma y Eugenia observando con más cuidado notó que no era una bolsa sino algún extraño ser, y cuando Vania prendió la luz del patio pudo ver cómo desplegaba sus alas traslúcidas. 
Al principio pensó que era una clase de inmensa medusa pero luego recordó que las medusas no tienen alas y se le antojó que parecía una mariposa, traslúcida, babosa y asquerosa como una medusa, pero con alas y cuerpo similar al de un insecto. Lo único que se le podía ver con claridad eran sus dos enormes ojos negros entre antenas y largas púas. Luego su cuerpo era blanco casi trasparente como el de los bichos del mar.
Cuando volvió para correr hacia la casa vio que sobre el marco de la puerta donde se hallaba Vania había otra de esas criaturas que caminaba por la pared, era más pequeña, del tamaño de una rueda de bicicleta y movía sus viscosas patas silenciosamente.
- Eugenia ¡tengo miedo! – dijo la niña, aunque desconociese la situación.
- Vania, entrá despacio y cerrá la puerta. – Dijo Eugenia intentando no apartar la vista de los dos bichos y descartando la posibilidad de entrar por ese lugar. - ¡dale! Yo entro por la otra puerta.
Vania no hizo preguntas al respecto y cerró la puerta de un portazo, el ruido puso nerviosa a la criatura que empezó a aletear sus alas dando un zumbido.
Otro nuevo grito cercano y Eugenia ya estaba que se moría del miedo, caminó despacio rodeando a la criatura posada en el umbral de la puerta y alejándose de la que posaba sobre el césped, cuando pasó el cuerpo por la ventana que se encontraba al lado de la puerta a espaldas de la criatura, recordó que la última vez que lo había hecho había tirado dos vasos del mueble aparador que estaba del otro lado, contaba sólo con seis años y su padre le había tirado de la oreja por tal travesura, esta vez ella pensó que el pasar por allí era justificable.
Cuando cerró la ventana sintiéndose segura en el interior, pudo notar cómo la criatura había empezado a caminar por la puerta y como ésta tenía la parte superior de vidrio pudieron contemplar con mayor exactitud las patas y la parte inferior del pecho. Y digo “pudieron” porque Vania también se encontraba allí, al igual que su hermana, observando esa cosa con total concentración.
Luego de unos segundos Eugenia se sintió asqueada por los ruiditos y comprendió que estando allí parada no hacía otra cosa que incrementar el miedo.
Se dirigió a su cuarto, abrió su facebook y prendió la tele.
Las pocas personas que habían podido entrar en internet (y no estaban gritando en sus casas) daban comentarios acerca de los extraños bichos que la lluvia había arrastrado, incluso algunos habían sacado fotos y a Eugenia se le erizó la piel al ver en algunas zonas de su barrio a una concentración mayor de esas cosas, e incluso algunas eran más grande que Vania.
¡Qué son estos bichos! / ¡Están intentando entrar por la ventana de mi casa! / ¡No intenten salir de sus casas, la calle Artigas está llena de esas cosas! 
- ¡Eugenia! – le gritó Vania a su hermana que estaba anonadada observando las noticias de la gente. Ella le prestó atención a su hermana que señalaba el televisor muerto. No había señal en ningún canal.
Y entonces, nuevos gritos en las calles, gente que corría o autos que pasaban derrapando por la calle mojada.
Escucharon una gran explosión seguido por un intenso olor a gasolina quemada y de tal estupor ninguna de las hermanas notó que unos constantes golpes que sentían, venían de la puerta de entrada.
- ¡Abran! ¡Eugenia!
Vaya, supongo que por ser la mayor me toca ser la valiente. Pensaba Eugenia mientras se dirigía hacia la puerta, pero al sentir la voz que llamaba con más claridad supo de quién era y no dudo en ir a abrir, Vania se quedó mirando por la ventana del cuarto la intensa luz de la explosión que se había creado tres casas a la izquierda.
Alicia Gonzales, de veinte años, rubia natural que se había teñido el cabello de negro, amante de los autos y las películas de Ashton Kutcher, entró desesperada por la puerta y se arrinconó en una esquina del living llorando a gritos y temblando de pies a cabezas.
- ¡cerrá! CERRÁ LA PUERTA
-Alicia, calmate. – le dijo Eugenia que conocía a Alicia desde la primaria. - ¿qué está pasando, boluda?
- Esos bichos ¡esos bichos! – dijo sentándose en el piso con la mirada perdida. – Hay muchos, afuera, ¡entraron por la ventana y querían agarrarme! ¡Gastón Duarte tenía uno pegado a la cabeza en la esquina y unos tipos intentaban sacárselo!
- pero ¿cómo pegado? ¡Qué pasa! – dijo Eugenia asustada sin entender del todo el asunto.
Alicia quedó un segundo en silencio y la miró por primera vez con sus ojos húmedos y abiertos al máximo, entendió entonces que su amiga sabía poco del incidente.
- Esas cosas… esas mariposas… vinieron con la lluvia y se te pegan a la cabeza
- ¿cómo que se pegan?
-¡No sé Eugenia! Tiene un aguijón… ¡un pico! Y te agarran… y no sé… ¡te chupan!
Eugenia, que ya había escuchado demasiado se aseguró de que la ventana del living estuviese bien cerrada y corrió a su cuarto y su corazón se detuvo por un segundo al no encontrar allí a Vania.
- ¡Eugenia! – gritó entonces la pequeña, y ella corrió hacia la cocina que era de donde provenía su grito. La niña se encontraba observando la puerta y cuando el vidrió de ésta empezó a hacerse añicos en manos del insecto dio un grito que acompañó a un trueno.
- ¡Vania callate! – le gritó mientras pensaba qué cosa hacer para detener al bicho. En la puerta opuesta vio al aparador que contenía la vajilla y notó que era exacto para que bloqueara la puerta, cuando comenzó a moverla vino Alicia en su ayuda y juntas lograron desplazarlo hacia la puerta, cuyo vidrio estaba cediendo y por él se colaban las asquerosas y viscosas patas de la mariposa-medusa.
En cuanto lo lograron escucharon a la criatura intentando pasar por la madera dándole golpeas con el pico.
Las tres mujeres notaron cómo la lluvia empezaba a caer de nuevo y con ella aumentó el nerviosismo de Alicia que empezó a llorar nuevamente.
- ¡Van a venir más! ¡VAN A VENIR MÁS! ¡VIENEN CON LA LLUVIA!
Eugenia notó como Vania empezaba a llorar, el horror que se dibujaba en la cara de Alicia era contagioso y no era bueno que las tres entraran en pánico.
Cuando logró que se calmara las tres se acurrucaron en una esquina del dormitorio de Vania, Eugenia creía que estando su hermana familiarizada con el lugar estaría mejor. Apagaron todas las luces, e incluso la computadora y todo lo que delatara que se encontraban allí. La lluvia fue creciendo y con ella los aleteos y las sombras que pasaban volando por la ventana del cuarto. Las tres estaban en absoluto silencio.
- Deberíamos correr un mueble a la ventana. – dijo Alicia mirando concentrada a la lluvia que golpeaba con fuerza los vidrios.
Eugenia estaba concentrada con su celular intentando llamar a su madre luego de que llamar a la policía fuese en vano.
- Viven en las nubes. – comentó  Vania que hasta entonces había estado muy callada.
- ¿Qué decís Vania? ¿Cómo es posible que esas cosas vivan en las nubes?
-  Hay bichos que viven bajo enormes rocas, ¿Por qué no medusas que vivan en la humedad de las nubes?
 Medusas con alas, repulsivas, asquerosas… pensó Eugenia, pero no dijo nada porque la idea le parecía muy fantasiosa.
- Más que mariposas. – dijo Vania. – Parecen polillas; las mariposas son lindas, esos bichos no. Son como polillas viscosas y trasparentes y tiene extremidades, algunas similares a tentáculos. – luego se permitió una leve carcajada. – Un niño de mi clase dice que las polillas son mariposas zombies.
Ninguna de las dos chicas hizo caso al chiste.
La lluvia intensa siguió cayendo sin cesar y durante media hora no hubo novedad, las chicas seguían atemorizadas, los celulares no funcionaban y  algunos gritos se escuchaban por el barrio.
- ¿Adónde vas? – preguntó asustada Vania cuando notó que su hermana se paraba rompiendo con la tranquilidad que habían generado.
-Necesito ir por agua, me muero de sed. No voy a tardar. - contestó ésta por lo bajo.
Y en cuanto se paró en la más completa calma un estruendo las sobresaltó a las tres.
La ventana se hizo añicos y por ella entró una de esas polillas, incluso más grande que el hueco de la ventana. En cuanto las atacó (permitiendo al viento y la lluvia escandalosa entrar mientras los fragmentos de vidrio se esparcían por el dormitorio) las tres se pararon y fue Alicia quien tomó el coraje de enfrentarlo tomando unos tantos libros de una repisa (en los cuales se encontraban un diccionario enciclopedia, el libro de ciencias naturales y el libro de cálculos que usaba Vania para la escuela) y se los arrojó encima; la criatura chilló de dolor cuando varios de ellos les golpeó y cayó al suelo con el peso del diccionario en el pecho, aleteó salpicando agua y moviéndose insistente por el piso, tal como lo hace una polilla herida bajo un foco de luz.
A Eugenia le había fallado toda valentía y fue Alicia la que con total ira empezó a pisar la cabeza del bicho, una, dos, tres, cuatro veces y la masa gelatinosa que crujía al ser aplastada fue convirtiéndose en un mal oliente puré. Pero fue la hermana mayor que actuó cuando otro de esos bichos entró por el hueco de la ventana, está vez Alicia no reaccionó, quizás porque su menor tamaño la confundió, y es que ésta era del tamaña de un plato. Eugenia sólo atinó a coger el cubrecama y arrojárselo encima, luego las tres salieron corriendo del cuarto porque se avecinaban nuevas sombras y aleteos desde afuera.
Luego de cerrar la puerta corrieron sin saber a dónde.
- ¡Eugenia, estás rompiendo el aparador, van a entrar! – gritaba Vania.
- ¡Alicia no te vayas! ¿Qué hacemos?
Pero Alicia ya había decidido marcharse, ya había tenido bastante experiencia con su casa invadida por esas cosas.
Eugenia decidió correr hacia ella pero cayó en la cuenta de que tenía a su hermana pequeña de la mano, entonces se metió a su dormitorio y se arrodilló frente a ella. Dentro de la cocina esos bichos ya estaban haciendo estragos.
- Metete dentro del ropero y no hagas ningún ruido. – le ordenó a la pequeña que estaba dura del miedo.- Si te quedás allí en silencio no te van a encontrar, y si lo hacen, las puertas son muy duras y resistentes y tardarán demasiado tiempo en derribarlas.
Vania asintió con la cabeza y corrió a esconderse en el inmenso ropero, cuando Eugenia estuvo convencida de su seguridad, corrió hacia el living, tomó un paraguas macizo y salió a la calle. Quedó unos instantes contemplando la escena con horror: la lluvia cayendo como siempre, los relámpagos alumbrando la calle y las casas, los cuerpos tirados por todos lados (algunos cubiertos de esas enormes polillas), y si se miraba fijamente se podía observar a más de una de esas cosas bajando de las nubes y volando con las demás por el inmenso cielo.
La muchacha agitó su cabeza para concentrarse y se dirigió  hacia Alicia que corría como loca por la vereda.
Dos de esos bichos se tiraron en picada hacia ella y esta pudo golpearlos con el paraguas, luego lo abrió y se refugió bajo éste para retener la lluvia y correr más deprisa sin ser molestada.  Vio a su amiga correr a gritos y a una de esas cosas intentando posarse en su cabeza, con sus alas desplegadas era más grande que el paraguas que llevaba.
Se escuchaban muchos gritos y disparos; Eugenia recordó el arma que su padre guardaba en su alcoba y se enojó consigo misma por ser tan impulsiva y no haber pensado antes en ella, pero no era el momento de volverse a plantear que debía pensar bien antes de actuar.
La criatura le asqueaba y además le tenía mucho miedo, era enorme e insistía en posarse sobre Alicia, incluso ante el desesperado empeño de ésta porque no ocurriese. Eugenia cerró el paraguas y le arrojó un golpe que la criatura pudo esquivas a medias, cuando volvió a atacar, pudo darle su merecido golpazo  (como un bateador de béisbol dando su mejor golpe) y la criatura cayó al piso aturdida, puso fin a su existencia enterrando el extremo del paraguas en su cabeza. Pero cuando fue a socorrer a su amiga una bandada de esas cosas se arrojó sobre ellas y ya no guardó esperanzas de salir vencedora a menos que su paraguas fuese mágico o algo por el estilo.  
El lugar se vio atestado de esos bichos y del ruido de sus aleteos, luego sintió unos fuertes disparos y se permitió sacar los brazos de su cabeza que había puesto en modo de protección para ver la escena.
Cacho, el viejo cascarrabias, llegaba con escopeta en mano a socorrerlas, pero había sido demasiado tarde, porque en cuanto esas cosas se dispersaron por el miedo, y las que estaban heridas cayeron al suelo, Eugenia pudo ver claramente a una de ellas cogida de la cabeza de Alicia.
- ¡NOOOOO! –gritó, y con sus propias manos intentó desprendérselo sujetándolo por las alas. Pero el bicho la tenía bien sujeta y tuvo que tomar el paraguas del suelo para enterrar su extremo en su pecho.
Por unos segundos creyó que el bicho seguía con vida, pero luego notó que no se movía: estaba muerto. Cacho llegó a su encuentro y miró a la joven con horror. Eugenia retiró el bicho de la cabeza de su amiga jalando con fuerza, por el agujero que éste había hecho en su cabeza no corrió ni una sola gota de sangre, Alicia tenía los ojos abiertos y apenas estaba viva.
- Yo, el bicho . –dijo. – jugar tocando el teclado sin perro del quizás… el fin, conocemos, Eugenia. – La joven no supo cómo reaccionar ante el delirio de su amiga, pero entendió que el bicho había hecho daños en su cerebro.
- Entierran su pico en tu cabeza. – dijo el viejo. – Y te chupan… uno desvaría hasta morir, retardados.
- Con juego de manzana podría leer el vidrio de loza, llora Vania por cobija.
- Shh… shh.. – le dijo su amiga arrodillándose ante ella y sujetando su cabeza.
Alicia la miró por unos segundos, dio unas convulsiones y ya no se movió.

Eugenia lloró por unos segundos y cerró los ojos de su amiga muerta, luego la corrió hacia el pasto y la acomodó como si durmiese, recordó aterrada a los insectos y miró hacia arriba, pero ya no había ni insectos ni lluvia, las nubes se estaban marchando…
- Se fueron. – dijo el viejo también mirando el cielo y contestando la pregunta que ella no había hecho. – Se marcharon con la tormenta así como llegaron...






Cuando Eugenia abrió el ropero, la luz del amanecer ya se había posado por los tejados de las casas, Vania la abrazó con fuerza y ella al cabo de unos segundos hizo lo mismo.  Llevó a su hermana al living y en total silencio le preparó un chocolate caliente. La actividad en la calle había comenzado, luego de la invasión, los vecinos, los policías y los bomberos empezaron a limpiar el lugar, llevándose a los muertos y heridos y recogiendo a los bichos muertos. Uno de esos hombres que iba golpeando las puertas casa por casa les preguntó si se encontraban bien y se marchó con la idea de regresar para poder vigilarlas.
Eugenia imitando a los vecinos se aseguró de que Vania estuviese entretenida viendo la tv (aunque sólo se hiciese eco sobre el incidente de la noche en todos los canales) y fue hacia el cuarto de la pequeña donde tomó a la criatura que había roto la ventana por una de las alas y la arrastró hacia la puerta del fondo, luego la llevó al patio pasando por el costado de la casa y la dejó sobre la vereda, donde de seguro alguien se encargaría de ella.
Volvió al cuarto de su pequeña hermana, tomó la primera manta que encontró y un osito de peluche que a Vania le encantaba, al cual le faltaba un ojo y olía raro.
La pequeña se encontraba concentrada viendo la televisión y Eugenia pensó que ya había tenido demasiado protagonismo en esta historia. La tomó de la mano sintiéndose exhausta y la llevó a su cuarto donde se acomodaron en la cama, la envolvió en la manta y le dio el peluche.
- ¿Papá y mamá van a volver? ¿Ellos están bien, verdad?
Ella le dijo que sí pero por dentro no estaba muy convencida, ambas entraron en un sueño profundo, 
Eugenia soñó sus más hermosos recuerdos que tenía con sus padres y ni una pizca de los acontecimientos de esa noche se hizo presente. Cuando despertó luego de unas cuantas horas se encontró con su hermana acostada a su lado con la miraba fija.
- ¿Papá y mamá van a volver?
- Sí Vania, calmate…
-¿Papá y mamá van a volver? Escribís de la cuenta blanco por el ojo de Alicia. Papá, mamá, bicho, van a volver ¿volver van a mamá y papá? Alicia.
Lo que no había descubierto Eugenia, es que la manta que la cubría era el cubrecama que ella había usado para arrojarle encima a la segunda polilla que había entrado por el hueco de la  ventana, y que pegada aún a la tela, había podido llegar a la nuca de la niña cuando ambas dormían.
  

viernes, 22 de febrero de 2013

HASTA 20






Miguel:

No sé cómo empezar esta carta, ¿qué digo? Ni sé lo que estoy haciendo ¿quién escribe cartas hoy en día, Con toda la tecnología, chat, mensajes por cel y todo ese amor hipócrita que rodea a la sociedad? Nadie
Pero acá me veo yo, con la necesidad de expresarte lo que siento con mis propias letras.
Amor mío, bebote, como te digo yo, sabés que voy a hacer todo lo posible para hacerte feliz cada hora y minuto de mi vida, haré lo imposible, te lo juro.
Voy a hacer que olvidés todo ese pasado que te atormenta y que vivas el mejor futuro que la vida puede ofrecerte, porque te lo merecés y siento una gran felicidad en contribuir con él. Te amo ¿ya te lo he dicho? Ja, Ja,  sí, te atomizo todo el día, pero porque quiero que te quede claro.
No hay persona más hermosa que vos, eso lo comprobé, y  lo único que le reprocho a la vida es no haberte conocido antes, para ser feliz desde un principio.
Ya quiero viajar contigo por el mundo, ya quiero casarme y tener un hijo tuyo
¡No te me asustes! Es que el amor que siento por ti florece cada día y me es imposible retenerlo, se escapa por los poros de mi piel y se expresa de cualquier manera.
Ay Miguel, el día que no sienta mi corazón latiendo con firmeza y mis labios haciendo una sonrisa involuntaria cada vez que te veo, será el día en el que esté muerta…






Comunidad conmovida: Karen Batista de apenas 23 años murió en trágico accidente

Con gran pesar toda la comunidad coloniense recibió la noticia de la muerte de Karen Batista el domingo por la mañana, la joven, de apenas 23 años, empleada en una tienda de ropas, estudiante de piscología y sobre todo muy querida por sus vecinos y amigos halló su trágico final a tempranas horas luego de que un… 







Karen, si supieras cómo hasta el día de hoy no he dejado de pensar en ti. Karen, me siento un idiota escribiendo en un papel mis tristes palabras pensando que tú las leés, espero que así sea… si nunca creí en un Dios o en un más allá ¿qué hago recordándote a diario y hablándote como si pudieses escucharme?
Pero recuerdo que esta era la forma en la que amabas expresarte, y sólo me quedan de ti las tantas cartas que me escribiste y que tan melancólico leo por las noches antes de hundirme en el sueño con tu recuerdo. Karen…



       HASTA 20


Sentir ese olor a rosa mezclado con humedad y tabaco era algo que me hacía recordar los peores recuerdos que un hombre puede tener: el de enterrar a un ser querido, el de llorar a alguien frente a su ataúd.
Y estuve frente a lo que sería un futuro nuevo recuerdo, desastroso y deprimente.
Estaba velando a mi amada Karen, ¿qué dios tan injusto pudo arrebatarle la vida? Tan hermosa y llena de luz… mi guía y mi pasión, yaciendo dentro de un cajón de madera, convirtiéndose en una cosa…
Llegar por la noche a mi casa fue tan extrañamente perturbador… no regresé acompañada por Karen y me sentía raro por ello, no la vi arrojada en el sillón o con un cucharón en su mano revolviendo la cena en una cacerola, con su piel suave y su pelo largo y voluminoso que brillaba todo el tiempo.
Y claro que aún no era consciente realmente de mi situación, la había llorado pero parecía estar en una clase de extraña pesadilla, pensaba en llamarla apenas dejé las llaves sobre la mesa, intentaba escuchar el ruido de la lluvia en la bañadera señal de que ella estaba allí, o simplemente esperaba verla venir y que me abrazara, no importaba lo doloroso que había sido ese día, si ella llegaba a mí no se volvería a tocar ese tema.
Pero no, aunque estuviese levemente esperanzado nadie la dejó volver, y allí estaba yo, acompañado por mi amigo Daniel en la casa fría y silenciosa.
Había notado su compañía en ese pesar, con su trajecito y corbata gris que no solía usar, se veía tan extraño… me miró conmovido y me tomó del hombro haciendo un leve masaje.
-       ¿Seguro que estarás bien? Dejame que me quede, la soledad no te hará bien el primer día, o vamos a casa mejor…
Pero me oponía, le negué toda oferta y me volví necio, argumenté querer estar allí, ¡era ese el lugar que compartía con ella y no podía desprenderme! Y qué más daba, le dije que estaría bien aunque sentía morirme por dentro.
 Ella… tan joven y hermosa, con una próspera vida por delante, mi razón para vivir día a día con una sonrisa en la cara y dejar de ser el alienado que era… No podía abandonar su recuerdo en mi casa.
No le permití a mis lágrimas abandonar mis ojos y tragué saliva con firmeza para destruir al nudo en mi garganta, quería que él me viera bien al menos.
-       Daniel, aprecio siempre tu compañía, pero necesito estar solo.

Él no tuvo más remedio que abandonarme, con reproches y preocupaciones, pero al fin lo hizo.
Y pronto quedé solo en la casa, pequeña y poblada; ella aún permanecía conmigo, no habían pasado ni siquiera dos días de la última vez que había estado allí, su perfume seguía en el respaldo del sillón, el vaso del cual había bebido seguía sobre el lavatorio de la cocina -lo tomé y pasé mis labios por su borde, pretendiendo que algún resto de su saliva quedara impregnado en mis labios-.
Llegué al dormitorio y el nudo en mi garganta se hizo notar, casi podía verla recostada allí, con su pijama y leyendo un buen libro, llamándome para que me acurruque junto a ella.

Esa noche hablé con mis padres que residían en España hasta altas horas de la noche y luego sorprendentemente pude dormir.
  Al día siguiente me levanté y me preparé un café, estuve dos horas sentado en el sofá, en silencio y pensante, recordaba, analizaba y planeaba ¿Cómo podía seguir con mi vida? No existía para mí vida después de Karen.
Al mediodía recibí la visita de varios amigos, entre ellos Daniel que ya volvía a su estado normal, con sus vaqueros negros y su mirada perdida y ensoñadora.
Fueron compañía, creo, si ellos no hubieses llegado habría pensado más y más hasta enloquecer, poco me distrajeron de todos modos, ella siempre estaba en mi cabeza.
Ellos lo sabían, no me querían dejar solo y hasta de los trámites funerarios se habían encargado. No había más nada que hacer, sólo seguir viviendo…
Me despedí de la casa y visité a mi abuela por la tarde, debía matar el tiempo antes de que el tiempo me matara a mí, tenía al menos un mes de licencia en mi trabajo, y aunque la visita no fue muy confortante llegó nuevamente la noche sin que yo lo notara.
Regresé a mi casa rápidamente para ocultarme de los primeros fríos de abril, todo seguía igual, Karen no estaba. Me acomodé en la cama y quedé observando el techo, pensante…
Recordé un juego que teníamos con ella y que me hizo humedecer los ojos y reír de felicidad por tan grato recuerdo: Cuando quería hacerle el amor y ella no estaba preparada, solía meterme dentro del armario y contar hasta veinte, ella a las risas, divertida, solía cambiarse de ropa interior, soltar su pelo y tomar una pose sexy sobre la cama para esperarme.
Y antes de que tomara conciencia de lo que hacía me vi yendo hacia el armario al costado de la gran cama matrimonial, tenía ganas de hacerlo ¿Qué más daba? Nadie me veía, si debía enloquecer para no sufrir entonces enloquecería. Entré y empecé a contar, el sonido de mi propia voz me estremeció, lo estaba haciendo, ella estaba muerta pero aún así contaba hasta veinte con la idea de verla posada en mi cama, y no importaba si al abrir la puerta ella no estaba allí, estaba seguro de eso, pero hacer  algo que solía hacer con ella me mantenía unido y arraigado a su vida perdida.
Abrí lentamente la puerta y la vi sobre la cama, ni siquiera me impresioné, era eso lo que yo quería, ella estaba…
Lucía una provocadora ropa interior negra, con su piel tostada y brillante y su pelo voluminoso cayéndole en cascada sobre sus hombros y sus pechos redondos y firmes.
Le dediqué una sonrisa y me precipité a su encuentro, ella no dijo palabra alguna, me sonrió feliz y me abrazó con fuerza mientras me besaba apasionadamente, sentir sus labios gruesos en los míos, su lengua húmeda y tibia; tocar su piel, sus piernas, su cintura… ¡no era un sueño! Era de verdad, estaba conmigo.
Tan real y tan como la recordaba, no hubo tiempo de pensar por qué se encontraba allí y no en el cementerio, no era una muerta viva ni un fantasma, era Karen, el amor de mi vida.
Hicimos el amor, como dos amantes que se debían una buena noche, salvaje pero apasionadamente.
Y aunque no quería abandonarla el cansancio pronto me ganó y me dormí entre sus brazos.
Cuando llegó la mañana ella había desaparecido, pero aún así yo me mantenía esperanzado ¡había sido real! Busqué pruebas: la cama estaba realmente desordenada y el armario mantenía la puerta abierta como la había dejado, pero la prueba más real de todas era yo, vestía el bóxer con el que me había dormido y sentía el cuerpo adolorido y cansado.
Me levanté feliz sin cuestionarme nada y con las esperanzas de que esa noche se repitiese.
Esa tarde salí a caminar, los vecinos se mostraron serviciales conmigo, una señora que vivía a dos casa de la mía se tomó el tiempo de prepararme una torta casera y se prestó para cocinarme lo que deseara hasta que mi corazón hubiese sanado, y hasta unos extraños hombres vestidos con chaquetones y botas oscuras me interceptaron por la calle para preguntarme de mi vida y darme consejos de cómo superar cualquier problema sin decaer en la depresión (claro que yo no les había contado nada y sólo lo intuyeron) Hasta los niños del parque me causaban felicidad, incluso recordando lo tanto que Karen deseaba un hijo y los feliz que habríamos sido de llevarlo a jugar entre las hamacas y los toboganes.
Terminé mi paseo en el cementerio, le cambié las flores marchitas por unas nuevas y me senté a su lado a charlarle acerca de cómo me sentía y de lo cuánto la quería, ya que por la noche no habíamos tenido tiempo de charlar, incluso le conversé sobre ese encuentro y le expresé mi deseo de que volviera a suceder.
Por la noche, recibí la visita de mis amigos en la casa, me vieron más feliz, pero me notaron un poco cansado y medio enfermo.
Estás pálido y un poco débil ¿no estás durmiendo bien verdad? Me había preguntado Daniel buscando la respuesta en mis ojos, ¡pero no le podía contar lo que había sucedido por la noche! Le di la razón y no volvimos a tocar el tema, y aunque disfrutaba de sus compañías no paraba de echarles vistazos a la puerta del dormitorio y al reloj en mi muñeca, deseando la hora en que se marchasen para yo poder volver a ver a mi mujer.

18, 19, 20…  Abrí la puerta feliz, expectante, y allí la vi: nuevamente sobre la cama y tan radiante como siempre, y nuevamente volví a pasar una noche fenomenal.
Me volví adicto a sus extrañas visitas, me volví adicto a su cuerpo, a su compañía. Estaba ciego, no me importaba que nada natural existiera en nuestra relación, no me importaba, no me planteaba preguntas, no buscaba respuestas, ni siquiera siendo consciente de lo anormal que eso era, simplemente me había vuelto adicto a ella y haría lo posible porque siguiera estando allí todas las noches; no importaba si para eso debía callar mi cabeza y dejarme llevar.
 Ella nunca me decía una sola palabra, nunca me nombraba o hacía otra cosa que no fuese saciar su apetito sexual; en eso pensaba yo cuando por las mañana me duchaba luego de esas horas que compartía con ella mientras las demás personas solían dormir, antes de su muerte Karen solía ser una chica muy activa por las noches, no teníamos sexo todos los días y pasábamos horas y horas arrojados en la cama, tomados de la mano y conversando, era un momento íntimo que disfrutábamos al máximo, pero la nueva Karen, que aparecía en mi cama luego de que saliera yo del ropero no estaba interesada en charlar conmigo, aunque eso no me molestaba, en el momento de yacer con ella en la cama olvidaba todas esas cosas que por la mañana me preocupaban.  Me dejaba llevar por su encanto mágico, como si de los poros de su piel pudiese liberar algún tipo de hormona que me volviese tonto y sediento por su cuerpo.
Llegué a pasar días entero sentado en el sillón de mi salón esperando nuevamente a que cayera el sol. No quería visitas ni salir a la calle, sólo el recuerdo de las noches que me ofrecía tenían lugar en mi cabeza.
¡Ah! ¿Qué te está pasando? ¡Por Dios! Me preguntaban mis amigos, Daniel más que otros, que cada día se volvía más indagador y vigilante. Mi aspecto los asustaba, los alarmaba… estaba flaco, pálido, y sobre todo débil. Mi piel se amoldaba a mis huesos y alrededor de mis ojos amarillentos iba creciendo un gran surco oscuro. Me costaba moverme y era lento al reaccionar. Todas las fuerzas que podía cosechar en el día comiendo y descansando eran nuevamente perdidas por la noche.
De todo esto apenas habían pasado dos semanas, aunque los cambios eran muy notorios.
Una de esas tantas noches me sentí incómodo y me senté al borde de la cama, todo ese peso que tenía el misterio que rodeaba esa situación habían sido más fuerte que mi deseo por ella, Karen se sentó detrás de mí, acariciándome y besando con dulzura el cuello.
Me costaba avanzar, no podía preguntarle qué hacía visitándome si estaba muerta, temía perderla o tener una terrorífica respuesta. Luego la miraba a los ojos y sabía que nada podía ir mal, ella no tenía ni un gramo de maldad, incluso parecía estar más bella noche tras noche, entonces volvía a caer en su encanto y toda la racionalidad parecía nuevamente innecesaria.
La noche en la que la noté por primera vez más extraña de lo que era en vida fue una vez que todo apuntaba a ser la noche más extraña de mi vida: mientras yacía en la cama con ella, unos golpes en la puerta principal nos alarmó, a ella más que a mí, porque claramente la noté tensa y asustada, como si supiese quién o quiénes eran los visitantes; entonces de un golpe seco la puerta fue forzadamente abierta. Salté de la cama y Karen, haciendo una mueca de horror se tapó con las sábanas y empezó a sollozar; apenas tuve tiempo de ponerme unos jeans para cuando unos sujetos irrumpieron en la habitación, vagamente les vi las caras conocidas, pero apenas los vi por unas fracciones de segundo, porque en cuanto entraron, Karen pegó un alarido agudo y escalofriante a la vez que yo cogía lo primero que tenía a mi disposición (una lámpara de macizo mármol de soporte) y se los arrojaba con fuerza mientras ellos retrocedían. No pude calcular con exactitud con qué motivos entraron, pero en seguida se marcharon luego de ver mi agresividad mientras gritaban palabras que yo no entendía.
Cuando volví al dormitorio luego de perseguirlos hasta la puerta Karen se había marchado, y cuando la policía me indagó acerca de los hechos tuve que mentir y decir que me encontraba solo.
-       ¿No recuerda haberlos visto por el vecindario? Los vecinos afirman que los malvivientes rondaban la zona desde hace días
Hice memoria pero estaba demasiado alterado como para concentrarme.
-        No sé, creo que no… - dije mientras vigilaba el movimiento de mi casa que se había convertido en el punto de atracción en esas horas de la noche.
-       Claro que sí, mijo. – me explicaba compasivamente mi vecina, mientras se envolvía con su bata para resguardarse del frío. – Usted estaba hablando con ellos el otro día en la calle.
El recuerdo se me vino rápidamente a la cabeza, le relaté en seguida como los sujetos me habían interceptados y me habían hecho un extraño interrogatorio. Eran unos sujetos extraños con chaquetones y botas oscuras.
-       ¿Cosas como qué le preguntaron?
-       Nada que dieran a entender que quisieran robarme algo, me preguntaron cosas de mi vida, como mi situación sentimental o cómo me encontraba anímicamente.
Los policías quedaron extrañados, para mí la situación era tan extraña como para ellos.
-       De seguro lo venían fichando desde hace mucho.  A estas horas de los viernes usted solía ir a un bar ¿verdad? Los maleantes debieron de pensar que la casa estaba vacía.
Dijo un oficial.
-        Cuídese, está muy pálido y frágil, cuando me despertó su grito le juro que casi me da un ataque.
Me dijo mi vecina mientras se marchaba con los policías, que luego de despedirse para dejarme descansar, prometieron vigilar la zona.
-       ¿Usted me escuchó gritar?
Le pregunté curioso a la señora mientras se marchaba, ella me lo afirmó apenada y en mi cabeza todo dio un vuelco inesperado, era la primera vez que un tercero me aseguraba que la presencia de Karen era cierta, al menos podía descartar la idea de que estaba sólo en mi imaginación y que le hacía el amor a mi almohada.
De todas formas me sentía preocupado por la reacción que había tenido ella, Karen era una chica fuerte y nunca demostraba un miedo tan aniñado como en esa noche, ella jamás hubiese gritado así…
Esa noche no regresó y pude dormir un poco hasta la llegada del amanecer.
Los días que pasaron hasta la culminación de este relato fueron normal a la medida de los demás días: siguieron las visitas por las noches de Karen, mi terrible decadencia física y mental, pero aún mayor el empeño de Daniel por saber qué me sucedía y por qué actuaba tan extraño; suponía que había conexión entre mi debilitamiento, mi soledad y los ladrones que habían irrumpido en mi casa, aunque claro, a él se le venían ideas a la cabeza como por ejemplo que formaba parte de un cartel de drogas. Lo insinuaba… Pero de saber cuál era en realidad la historia se hubiese sentido veinte veces más horrorizado, o quizás más, porque eso sucedió.
Una noche normal como cualquiera, conté hasta veinte y salí del ropero encontrándome nuevamente con su figura, ella me arrojó a la cama boca abajo y empezó a masajearme la espalda para inducirme en el relajamiento, pero en un momento dejó de hacerlo y sorprendido me di la vuelta para verla, se había parado de la cama y miraba la puerta con pánico. Yo no había notado que alguien estaba golpeando la puerta ¿quién podía ser a esas horas? Al instante me vino la idea de que los ladrones habían regresado, pero descarté la idea cuando noté que el visitante era demasiado cortés con mi puerta. Me paré y tuve tiempo de vestirme a medias para atender, entreabrí la puerta y vi a Daniel parado fuera de mi casa.
-       ¿Daniel? Es tarde, ¿qué hacés?
Le pregunté aun sin abrir la puerta del todo.
-       Andaba paseando y pasé a ver si estabas despierto, espero no haberte despertado ¿me dejás pasar?
Sabía que todo era un engaño, él mi vigilaba…
-       Perdón, no puedo
Le dije, pero en el momento no se me ocurrió un buen motivo, él notó mi nerviosismo, intentó mirar hacia adentro mientras permanecía parado en su sitio.
-       ¿Estás con una chica?
-       No. – le respondí, pero al acto caí en que responder que sí me hubiese liberado de esa situación, porque él no habría tenido otra opción que marcharse aún sin creerme.
-       Entonces… ¿estás con un chico?
-       Tampoco
-       ¿Y por qué te cuesta abrirme? ¿Estás solo, verdad? Soy tu amigo.
Estuve demasiado tiempo planeando una respuesta, y él me conocía, sabía que mentía y que me encontraba en aprietos.
Hizo un pequeño esfuerzo y derribó la puerta aún con mi oposición, me encontraba tan débil que mi resistencia era patética.
Quedó parado en medio del salón mirando a cada lado de la casa con el ceño fruncido y los brazos cruzados.
-       ¿Algún día vas a poder confiar en mí y decirme de una vez qué te pasa? Realmente me siento ofendido.
No le respondí, solo me preocupaba que ambos estuviesen en la casa, le eché un vistazo a la habitación y él siguió mi mirada notando que la luz estaba encendida, así que para allí marchó y cuando yo me interpuse de una forma acelerada y desquiciada me empujó con firmeza y se apresuró a entrar.
-       ¿Qué mierda te pasa?
Me preguntó cuando entré detrás de él, notando que no había nada fuera de lo común en la habitación. Pero al comenzar a darme un nuevo sermón algo acaparó la atención de ambos: asombrosamente la puerta del ropero, que estaba unos centímetros abierta, se cerró del todo. No supe que hacer, y no tuve ninguna reacción cuando Daniel se me alejó para llegar hacia la puerta. En ese momento ya abatido por lo que suponía el estrés que causaría toda la situación que se avecinaba me tumbé en el piso y cerré los ojos para no ver su rostro aterrorizado al ver a Karen. Sentí el suave rechinar de la puerta al ser abierta y tres segundos más tarde un grito que me heló la sangre, de tal grado fue que junto con su grito mi garganta lo imitó y me vi gritando junto a él por el terror que me había causado.
Cerró la puerta del ropero de un portazo y aún dando gritos de pánico se alejó de la habitación y de la casa; sin prestarme atención, con un terror dibujado en su cara que se debía mucho más que a la sorpresa de ver a un difunto, era como si hubiese visto la cara del demonio, sólo algo de esa índole le hubiese causado tal horror.
Me paré del suelo y sentí a la casa de una forma turbia, la repentina calma que guardaba el lugar se había disipado por los gritos que habíamos dado y que hasta a algunos perros de la zona habían alarmado.
 Caminé hacia la puerta principal pero no lo vi entre la oscuridad, sentí a alguien rodeándome por detrás y ya no le presté atención a Daniel, Karen había salido de su escondite directo a consolarme.
-       ¡Nadie podrá entender que has vuelto! ¡Ni siquiera entiendo yo por qué se ha alarmado tanto! Seguís tan bella como siempre.
Ella no dijo nada, como de costumbre, y me tuve que conformar con su compañía. Me acompañó al dormitorio y ahí deliberé lo que debía hacer, no lo quería llamar ni ir a buscar ¡nada de lo que le dijera iba a tranquilizarlo! Y ahí, dubitativo, con en el continuo cortejo de Karen, decidí dejarlo pasar, mi mujer era más importante que él, ¡que lo supiera!
Me dolía la garganta y mi cuerpo seguía nervioso por lo que había sucedido, me sentía cansado, mareado y me costaba moverme, pero aún así el angelical rostro de Karen me exigía atención y me acompañaba a olvidar lo que había sucedido.
Pasó sus piernas a cada lado de mi cadera, echó mi cabeza hacia atrás y posó su frente sobre la mía, sus brillantes bucles caían a cada lado de mi rostro como una cortina que ocultaba todo lo que me rodeaba. Sentí únicamente el aroma suave de su piel y veía sus ojos cerrados con serenidad, poco a poco una leve sonrisa marcó los pocitos que se le formaba en las mejillas; y en medio de ese silencio sobrecogedor susurró, con una vos que desconocía totalmente: DÉBIL
Y sin yo tener tiempo de reaccionar me besó la boca de forma brusca, como queriendo succionarme, sentí sus labios moviéndose con dureza y su lengua áspera y seca queriendo llegar a lo más profundo de mi garganta, aún así, sintiéndome devorado no pude defenderme, como si me hubiese inyectado alguna clase de anestesia.
Irresistible, sin sentido… pero irresistible…
¡NO!
El grito rompió con la peligrosa armonía y el encanto que ella tenía sobre mí.
Se dio vuelta alterada y al ver al sujeto en la puerta me tomó con fuerza de los hombros, tanto que me lastimaba. Una vez más, uno de los extraños hombres que habían entrado en mi casa la pasada noche se encontraba nuevamente en la puerta, esta vez sin intenciones de escapar al verme a mí con Karen.
¡KAREN! Le grité al sentir sus dedos marcando mi piel. ¡No! Volvió a gritar el hombre hacia nosotros y se acercó sacando un extraño frasco de su bolsillo, a cada pasó que dio, Karen hundió más sus dedos en mí, apresada por el pánico que el hombre le causaba, ni siquiera intenté comprender por qué se encontraba allí, ella se convirtió de un momento a otro en un ser lleno de oscuridad que sólo me trasmitía miedo y ansiedad.
¡Atrás! Gritó, y sacudiendo el frasco nos roseó con un líquido trasparente, mi reacción sencillamente fue la misma que hubiese tenido si me mojaran con agua, sin embargo, mi amada Karen pareció ser sometida a un potente ácido; dando un grito estremecedor se apartó de mí con brusquedad y corrió hacia el otro lado de la habitación y ante mis ojos empezó a escalar la pared hasta arrinconarse en una esquina. El hombre, con decisión, se acercó a ella y volvió a arrojarle el líquido, ella, de tanto dolor y desesperación que sentía al tener contacto con la extraña sustancia perdió su equilibrio y cayó al suelo destruyendo uno de los veladores, y ante el escenario más corriente de la escena: mi casa, tan normal como siempre, presencié el evento más traumático que alguna vez haya vivido y que pocos humanos apenas podrían imaginar, porque en cuanto cayó al suelo, el hombre desvainó de algún lado oculto en su chaqueta un filoso machete como de cuarenta centímetros y cuando ella lo vio dio unos gritos que me conectaron directamente con el infierno: agudos, mezcla entre chillido y lamento, potente y mezclado, porque de una sola boca parecían salir cientos de gritos que retumbaban aún en el precario lugar.
Estuve a punto de desmayarme, pero no lo hice, porque una mínima conexión con ella seguía presente, y aún viendo en ella un ser macabro, no podía dejar que nada malo le pasase.
¡No! Intenté gritar, pero mi mustio cuerpo fue apresado por manos que me rodeaban.
Logré identificar al otro sujeto que acompañaba al extraño y que me sostenía por un lado y a mi amigo Daniel, que llorando desconsoladamente intentaba sujetarme mientras luchaba por soportar dicha escena. Contemplé como el sujeto empezó a dar golpes con la filosa arma en el frágil cuerpo de Karen, mientras ésta, menuda e indefensa, intentaba protegerse con sus brazos de tan salvaje ataque mientras seguía gritando de agonía.
¡No! Volví a gritar al ver la sangre salpicar por las paredes, por la cama…
La fuerza pareció abandonar mi cuerpo del todo, mis músculos frágiles parecían recibir los machetazos por ella.
¡No!
-       ¡Mirala! ¡Mirala! ¡No es ella! ¡No seas débil, intentá verla! ¡INTENTA VER!
Observé el rostro abatido de mi amigo intentando comprenderlo y cuando nuevamente miré a Karen descubrí la verdad, la única verdad:
En el suelo, agonizando, destrozada, se encontraba una figura que apenas había conocido mientras yacía con Karen, un ser monstruoso semejante a un simio, de largas y lampiñas extremidades, carecía de ojos y su boca, enorme, estaba cubierta de innumerables dientes amarillentos, de su cara surgían cientos de arrugas y pelos blancos.
¡Esa era! ¡Esa era la criatura que se escondía en mi armario y con la que ciegamente yací todas las noches! Ella, con su poder demoníaco me mostraba lo que yo quería ver, y fui engañado una y otra vez ¡débil! Me daba asco eso, la situación, yo. Vomité en medio de la habitación al compás de los gritos de la criatura que moría en manos del hombre. Y en medio de su agonía tuvo tiempo para dirigir su horripilante rostro hacia mí y reír… reír de forma burlona y a la vez triunfante. ¡Te robé la esencia! ¡Te hice creer y me aproveché de tu estúpida debilidad!
Lloré desesperado, quería morir… ¡Siempre lo había sabido! Pero preferí caer en la comodidad de la mentira ¡La dulce y calmante mentira que curaba mi dolor! ¡DÉBIL!
SÚCUBO, vampiro que alimenté noche tras noche a través del deseo carnal, de eso se alimentan, esa es la naturaleza del súcubo, poder demoníaco que hipnotiza a los débiles con el fin de robarles su juventud, su vida ¡Ay! ¡Y casi caí como muchos otros!
Y eso hubiese elegido, porque haber confundido a Karen con esa criatura rastrera que se había refugiado en mi dormitorio, atraída por el debilitamiento que la muerte de Karen me había invadido era imperdonable ¡la muerte hubiese sido mi destino si eses hombres especializados no le hubiesen seguido el rastro! ¡Que algún dios noble los bendiga!
Y Karen, por favor… perdoname ¿Cómo pude? Soy despreciable, confundí tu dulce figura, olvidé tu hermoso intelecto y me rebajé a lo ordinario… Y desde que esa criatura me hechizó en mi habitación creí convertirme en sombra, ya no era humano porque no me cuestionaba el por qué o el cómo, nunca fui racional, nunca busqué una verdad a toda esta situación.
Pero ahora noto y me doy cuenta de que siempre fui más humano que de costumbre, porque me dejé llevar por el vicio, me cegué a lo obvio…  Eso fui y eso somos, soy un hombre débil e inestable como todos; es mucho mejor engañarse, ser superficial y mezquino, las verdades nos matan ¡soy bien humano! ¡Karen! Yo sé que me escuchas, después de esto creo en todo: el bien, el mal, el más allá, por favor… ¡Perdoname! ¡Karen, te amo!






INFORMACIÓN sobre el Súcubo:

El súcubo (del latín succŭbus, de succubare, «reposar debajo»), según las leyenda medievales occidentales, es un demonio que toma la forma de una mujer atractiva para seducir a los varones, sobre todo a los adolescentes y a los monjes, introduciéndose en sus sueños y fantasías. En general son mujeres de gran sensualidad, y de una extrema belleza incandescente.

Por más informaciónhttp://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%BAcubo