Miguel:
No sé cómo empezar esta carta, ¿qué digo? Ni sé lo que estoy haciendo
¿quién escribe cartas hoy en día, Con toda la tecnología, chat, mensajes por
cel y todo ese amor hipócrita que rodea a la sociedad? Nadie
Pero acá me veo yo, con la necesidad de expresarte lo que siento con mis
propias letras.
Amor mío, bebote, como te digo yo, sabés que voy a hacer todo lo
posible para hacerte feliz cada hora y minuto de mi vida, haré lo imposible, te
lo juro.
Voy a hacer que olvidés todo ese pasado que te atormenta y que vivas
el mejor futuro que la vida puede ofrecerte, porque te lo merecés y siento una
gran felicidad en contribuir con él. Te amo ¿ya te lo he dicho? Ja, Ja, sí, te atomizo todo el día, pero porque
quiero que te quede claro.
No hay persona más hermosa que vos, eso lo comprobé, y lo único que le reprocho a la vida es no
haberte conocido antes, para ser feliz desde un principio.
Ya quiero viajar contigo por el mundo, ya quiero casarme y tener un
hijo tuyo
¡No te me asustes! Es que el amor que siento por ti florece cada día y
me es imposible retenerlo, se escapa por los poros de mi piel y se expresa de
cualquier manera.
Ay Miguel, el día que no sienta mi corazón latiendo con firmeza y mis
labios haciendo una sonrisa involuntaria cada vez que te veo, será el día en el
que esté muerta…
Comunidad
conmovida: Karen Batista de apenas 23 años murió en trágico accidente
Con
gran pesar toda la comunidad coloniense recibió la noticia de la muerte de
Karen Batista el domingo por la mañana, la joven, de apenas 23 años, empleada
en una tienda de ropas, estudiante de piscología y sobre todo muy querida por
sus vecinos y amigos halló su trágico final a tempranas horas luego de que un…
Karen,
si supieras cómo hasta el día de hoy no he dejado de pensar en ti. Karen, me
siento un idiota escribiendo en un papel mis tristes palabras pensando que tú
las leés, espero que así sea… si nunca creí en un Dios o en un más allá ¿qué
hago recordándote a diario y hablándote como si pudieses escucharme?
Pero
recuerdo que esta era la forma en la que amabas expresarte, y sólo me quedan de
ti las tantas cartas que me escribiste y que tan melancólico leo por las noches
antes de hundirme en el sueño con tu recuerdo. Karen…
HASTA
20
Sentir ese olor a rosa mezclado con humedad y tabaco
era algo que me hacía recordar los peores recuerdos que un hombre puede tener:
el de enterrar a un ser querido, el de llorar a alguien frente a su ataúd.
Y estuve frente a lo que sería un futuro nuevo
recuerdo, desastroso y deprimente.
Estaba velando a mi amada Karen, ¿qué dios tan
injusto pudo arrebatarle la vida? Tan hermosa y llena de luz… mi guía y mi
pasión, yaciendo dentro de un cajón de madera, convirtiéndose en una cosa…
Llegar por la noche a mi casa fue tan extrañamente
perturbador… no regresé acompañada por Karen y me sentía raro por ello, no la
vi arrojada en el sillón o con un cucharón en su mano revolviendo la cena en
una cacerola, con su piel suave y su pelo largo y voluminoso que brillaba todo
el tiempo.
Y claro que aún no era consciente realmente de mi
situación, la había llorado pero parecía estar en una clase de extraña
pesadilla, pensaba en llamarla apenas dejé las llaves sobre la mesa, intentaba
escuchar el ruido de la lluvia en la bañadera señal de que ella estaba allí, o
simplemente esperaba verla venir y que me abrazara, no importaba lo doloroso
que había sido ese día, si ella llegaba a mí no se volvería a tocar ese tema.
Pero no, aunque estuviese levemente esperanzado
nadie la dejó volver, y allí estaba yo, acompañado por mi amigo Daniel en la
casa fría y silenciosa.
Había notado su compañía en ese pesar, con su
trajecito y corbata gris que no solía usar, se veía tan extraño… me miró
conmovido y me tomó del hombro haciendo un leve masaje.
-
¿Seguro que estarás bien? Dejame que me quede, la
soledad no te hará bien el primer día, o vamos a casa mejor…
Pero me oponía, le negué toda oferta y me volví
necio, argumenté querer estar allí, ¡era ese el lugar que compartía con ella y
no podía desprenderme! Y qué más daba, le dije que estaría bien aunque sentía
morirme por dentro.
Ella… tan
joven y hermosa, con una próspera vida por delante, mi razón para vivir día a
día con una sonrisa en la cara y dejar de ser el alienado que era… No podía
abandonar su recuerdo en mi casa.
No le permití a mis lágrimas abandonar mis ojos y
tragué saliva con firmeza para destruir al nudo en mi garganta, quería que él
me viera bien al menos.
-
Daniel, aprecio siempre tu compañía, pero necesito
estar solo.
Él no tuvo más remedio que abandonarme, con
reproches y preocupaciones, pero al fin lo hizo.
Y pronto quedé solo en la casa, pequeña y poblada; ella
aún permanecía conmigo, no habían pasado ni siquiera dos días de la última vez
que había estado allí, su perfume seguía en el respaldo del sillón, el vaso del
cual había bebido seguía sobre el lavatorio de la cocina -lo tomé y pasé mis
labios por su borde, pretendiendo que algún resto de su saliva quedara
impregnado en mis labios-.
Llegué al dormitorio y el nudo en mi garganta se hizo
notar, casi podía verla recostada allí, con su pijama y leyendo un buen libro,
llamándome para que me acurruque junto a ella.
Esa noche hablé con mis padres que residían en
España hasta altas horas de la noche y luego sorprendentemente pude dormir.
Al día siguiente me levanté y me preparé un
café, estuve dos horas sentado en el sofá, en silencio y pensante, recordaba,
analizaba y planeaba ¿Cómo podía seguir con mi vida? No existía para mí vida
después de Karen.
Al mediodía recibí la visita de varios amigos, entre
ellos Daniel que ya volvía a su estado normal, con sus vaqueros negros y su
mirada perdida y ensoñadora.
Fueron compañía, creo, si ellos no hubieses llegado
habría pensado más y más hasta enloquecer, poco me distrajeron de todos modos,
ella siempre estaba en mi cabeza.
Ellos lo sabían, no me querían dejar solo y hasta de
los trámites funerarios se habían encargado. No había más nada que hacer, sólo
seguir viviendo…
Me despedí de la casa y visité a mi abuela por la
tarde, debía matar el tiempo antes de que el tiempo me matara a mí, tenía al
menos un mes de licencia en mi trabajo, y aunque la visita no fue muy
confortante llegó nuevamente la noche sin que yo lo notara.
Regresé a mi casa rápidamente para ocultarme de los
primeros fríos de abril, todo seguía igual, Karen no estaba. Me acomodé en la
cama y quedé observando el techo, pensante…
Recordé un juego que teníamos con ella y que me hizo
humedecer los ojos y reír de felicidad por tan grato recuerdo: Cuando quería
hacerle el amor y ella no estaba preparada, solía meterme dentro del armario y
contar hasta veinte, ella a las risas, divertida, solía cambiarse de ropa
interior, soltar su pelo y tomar una pose sexy sobre la cama para esperarme.
Y antes de que tomara conciencia de lo que hacía me
vi yendo hacia el armario al costado de la gran cama matrimonial, tenía ganas
de hacerlo ¿Qué más daba? Nadie me veía, si debía enloquecer para no sufrir
entonces enloquecería. Entré y empecé a contar, el sonido de mi propia voz me
estremeció, lo estaba haciendo, ella estaba muerta pero aún así contaba hasta
veinte con la idea de verla posada en mi cama, y no importaba si al abrir la
puerta ella no estaba allí, estaba seguro de eso, pero hacer algo que solía hacer con ella me mantenía
unido y arraigado a su vida perdida.
Abrí lentamente la puerta y la vi sobre la cama, ni
siquiera me impresioné, era eso lo que yo quería, ella estaba…
Lucía una provocadora ropa interior negra, con su
piel tostada y brillante y su pelo voluminoso cayéndole en cascada sobre sus hombros
y sus pechos redondos y firmes.
Le dediqué una sonrisa y me precipité a su
encuentro, ella no dijo palabra alguna, me sonrió feliz y me abrazó con fuerza
mientras me besaba apasionadamente, sentir sus labios gruesos en los míos, su
lengua húmeda y tibia; tocar su piel, sus piernas, su cintura… ¡no era un
sueño! Era de verdad, estaba conmigo.
Tan real y tan como la recordaba, no hubo tiempo de
pensar por qué se encontraba allí y no en el cementerio, no era una muerta viva
ni un fantasma, era Karen, el amor de mi vida.
Hicimos el amor, como dos amantes que se debían una
buena noche, salvaje pero apasionadamente.
Y aunque no quería abandonarla el cansancio pronto
me ganó y me dormí entre sus brazos.
Cuando llegó la mañana ella había desaparecido, pero
aún así yo me mantenía esperanzado ¡había sido real! Busqué pruebas: la cama
estaba realmente desordenada y el armario mantenía la puerta abierta como la
había dejado, pero la prueba más real de todas era yo, vestía el bóxer con el
que me había dormido y sentía el cuerpo adolorido y cansado.
Me levanté feliz sin cuestionarme nada y con las
esperanzas de que esa noche se repitiese.
Esa tarde salí a caminar, los vecinos se mostraron
serviciales conmigo, una señora que vivía a dos casa de la mía se tomó el tiempo
de prepararme una torta casera y se prestó para cocinarme lo que deseara hasta
que mi corazón hubiese sanado, y hasta unos extraños hombres vestidos con
chaquetones y botas oscuras me interceptaron por la calle para preguntarme de
mi vida y darme consejos de cómo superar cualquier problema sin decaer en la
depresión (claro que yo no les había contado nada y sólo lo intuyeron) Hasta
los niños del parque me causaban felicidad, incluso recordando lo tanto que
Karen deseaba un hijo y los feliz que habríamos sido de llevarlo a jugar entre
las hamacas y los toboganes.
Terminé mi paseo en el cementerio, le cambié las
flores marchitas por unas nuevas y me senté a su lado a charlarle acerca de
cómo me sentía y de lo cuánto la quería, ya que por la noche no habíamos tenido
tiempo de charlar, incluso le conversé sobre ese encuentro y le expresé mi
deseo de que volviera a suceder.
Por la noche, recibí la visita de mis amigos en la
casa, me vieron más feliz, pero me notaron un poco cansado y medio enfermo.
Estás pálido y un poco débil ¿no estás durmiendo
bien verdad? Me había preguntado Daniel buscando la respuesta en mis ojos,
¡pero no le podía contar lo que había sucedido por la noche! Le di la razón y
no volvimos a tocar el tema, y aunque disfrutaba de sus compañías no paraba de
echarles vistazos a la puerta del dormitorio y al reloj en mi muñeca, deseando
la hora en que se marchasen para yo poder volver a ver a mi mujer.
18, 19, 20…
Abrí la puerta feliz, expectante, y allí la vi: nuevamente sobre la cama
y tan radiante como siempre, y nuevamente volví a pasar una noche fenomenal.
Me volví adicto a sus extrañas visitas, me volví
adicto a su cuerpo, a su compañía. Estaba ciego, no me importaba que nada
natural existiera en nuestra relación, no me importaba, no me planteaba
preguntas, no buscaba respuestas, ni siquiera siendo consciente de lo anormal que
eso era, simplemente me había vuelto adicto a ella y haría lo posible porque
siguiera estando allí todas las noches; no importaba si para eso debía callar
mi cabeza y dejarme llevar.
Ella nunca me
decía una sola palabra, nunca me nombraba o hacía otra cosa que no fuese saciar
su apetito sexual; en eso pensaba yo cuando por las mañana me duchaba luego de
esas horas que compartía con ella mientras las demás personas solían dormir,
antes de su muerte Karen solía ser una chica muy activa por las noches, no
teníamos sexo todos los días y pasábamos horas y horas arrojados en la cama,
tomados de la mano y conversando, era un momento íntimo que disfrutábamos al
máximo, pero la nueva Karen, que aparecía en mi cama luego de que saliera yo
del ropero no estaba interesada en charlar conmigo, aunque eso no me molestaba,
en el momento de yacer con ella en la cama olvidaba todas esas cosas que por la
mañana me preocupaban. Me dejaba llevar
por su encanto mágico, como si de los poros de su piel pudiese liberar algún
tipo de hormona que me volviese tonto y sediento por su cuerpo.
Llegué a pasar días entero sentado en el sillón de
mi salón esperando nuevamente a que cayera el sol. No quería visitas ni salir a
la calle, sólo el recuerdo de las noches que me ofrecía tenían lugar en mi
cabeza.
¡Ah! ¿Qué te está pasando? ¡Por Dios! Me preguntaban
mis amigos, Daniel más que otros, que cada día se volvía más indagador y
vigilante. Mi aspecto los asustaba, los alarmaba… estaba flaco, pálido, y sobre
todo débil. Mi piel se amoldaba a mis huesos y alrededor de mis ojos
amarillentos iba creciendo un gran surco oscuro. Me costaba moverme y era lento
al reaccionar. Todas las fuerzas que podía cosechar en el día comiendo y
descansando eran nuevamente perdidas por la noche.
De todo esto apenas habían pasado dos semanas,
aunque los cambios eran muy notorios.
Una de esas tantas noches me sentí incómodo y me
senté al borde de la cama, todo ese peso que tenía el misterio que rodeaba esa
situación habían sido más fuerte que mi deseo por ella, Karen se sentó detrás
de mí, acariciándome y besando con dulzura el cuello.
Me costaba avanzar, no podía preguntarle qué hacía
visitándome si estaba muerta, temía perderla o tener una terrorífica respuesta.
Luego la miraba a los ojos y sabía que nada podía ir mal, ella no tenía ni un
gramo de maldad, incluso parecía estar más bella noche tras noche, entonces
volvía a caer en su encanto y toda la racionalidad parecía nuevamente
innecesaria.
La noche en la que la noté por primera vez más
extraña de lo que era en vida fue una vez que todo apuntaba a ser la noche más
extraña de mi vida: mientras yacía en la cama con ella, unos golpes en la
puerta principal nos alarmó, a ella más que a mí, porque claramente la noté
tensa y asustada, como si supiese quién o quiénes eran los visitantes; entonces
de un golpe seco la puerta fue forzadamente abierta. Salté de la cama y Karen,
haciendo una mueca de horror se tapó con las sábanas y empezó a sollozar;
apenas tuve tiempo de ponerme unos jeans para cuando unos sujetos irrumpieron
en la habitación, vagamente les vi las caras conocidas, pero apenas los vi por
unas fracciones de segundo, porque en cuanto entraron, Karen pegó un alarido
agudo y escalofriante a la vez que yo cogía lo primero que tenía a mi
disposición (una lámpara de macizo mármol de soporte) y se los arrojaba con
fuerza mientras ellos retrocedían. No pude calcular con exactitud con qué
motivos entraron, pero en seguida se marcharon luego de ver mi agresividad
mientras gritaban palabras que yo no entendía.
Cuando volví al dormitorio luego de perseguirlos
hasta la puerta Karen se había marchado, y cuando la policía me indagó acerca
de los hechos tuve que mentir y decir que me encontraba solo.
-
¿No recuerda haberlos visto por el vecindario? Los
vecinos afirman que los malvivientes rondaban la zona desde hace días
Hice memoria pero estaba demasiado alterado como
para concentrarme.
-
No sé, creo
que no… - dije mientras vigilaba el movimiento de mi casa que se había convertido
en el punto de atracción en esas horas de la noche.
-
Claro que sí, mijo. – me explicaba compasivamente mi
vecina, mientras se envolvía con su bata para resguardarse del frío. – Usted
estaba hablando con ellos el otro día en la calle.
El recuerdo se me vino rápidamente a la cabeza, le
relaté en seguida como los sujetos me habían interceptados y me habían hecho un
extraño interrogatorio. Eran unos sujetos extraños con chaquetones y botas
oscuras.
-
¿Cosas como qué le preguntaron?
-
Nada que dieran a entender que quisieran robarme
algo, me preguntaron cosas de mi vida, como mi situación sentimental o cómo me
encontraba anímicamente.
Los policías quedaron extrañados, para mí la
situación era tan extraña como para ellos.
-
De seguro lo venían fichando desde hace mucho. A estas horas de los viernes usted solía ir a
un bar ¿verdad? Los maleantes debieron de pensar que la casa estaba vacía.
Dijo un oficial.
-
Cuídese, está
muy pálido y frágil, cuando me despertó su grito le juro que casi me da un ataque.
Me dijo mi vecina mientras se marchaba con los
policías, que luego de despedirse para dejarme descansar, prometieron vigilar
la zona.
-
¿Usted me escuchó gritar?
Le pregunté curioso a la señora mientras se marchaba,
ella me lo afirmó apenada y en mi cabeza todo dio un vuelco inesperado, era la
primera vez que un tercero me aseguraba que la presencia de Karen era cierta,
al menos podía descartar la idea de que estaba sólo en mi imaginación y que le
hacía el amor a mi almohada.
De todas formas me sentía preocupado por la reacción
que había tenido ella, Karen era una chica fuerte y nunca demostraba un miedo
tan aniñado como en esa noche, ella jamás hubiese gritado así…
Esa noche no regresó y pude dormir un poco hasta la
llegada del amanecer.
Los días que pasaron hasta la culminación de este
relato fueron normal a la medida de los demás días: siguieron las visitas por
las noches de Karen, mi terrible decadencia física y mental, pero aún mayor el
empeño de Daniel por saber qué me sucedía y por qué actuaba tan extraño;
suponía que había conexión entre mi debilitamiento, mi soledad y los ladrones
que habían irrumpido en mi casa, aunque claro, a él se le venían ideas a la
cabeza como por ejemplo que formaba parte de un cartel de drogas. Lo insinuaba…
Pero de saber cuál era en realidad la historia se hubiese sentido veinte veces
más horrorizado, o quizás más, porque eso sucedió.
Una noche normal como cualquiera, conté hasta veinte
y salí del ropero encontrándome nuevamente con su figura, ella me arrojó a la
cama boca abajo y empezó a masajearme la espalda para inducirme en el
relajamiento, pero en un momento dejó de hacerlo y sorprendido me di la vuelta
para verla, se había parado de la cama y miraba la puerta con pánico. Yo no había
notado que alguien estaba golpeando la puerta ¿quién podía ser a esas horas? Al
instante me vino la idea de que los ladrones habían regresado, pero descarté la
idea cuando noté que el visitante era demasiado cortés con mi puerta. Me paré y
tuve tiempo de vestirme a medias para atender, entreabrí la puerta y vi a
Daniel parado fuera de mi casa.
-
¿Daniel? Es tarde, ¿qué hacés?
Le pregunté aun sin abrir la puerta del todo.
-
Andaba paseando y pasé a ver si estabas despierto,
espero no haberte despertado ¿me dejás pasar?
Sabía que todo era un engaño, él mi vigilaba…
-
Perdón, no puedo
Le dije, pero en el momento no se me ocurrió un buen
motivo, él notó mi nerviosismo, intentó mirar hacia adentro mientras permanecía
parado en su sitio.
-
¿Estás con una chica?
-
No. – le respondí, pero al acto caí en que responder
que sí me hubiese liberado de esa situación, porque él no habría tenido otra
opción que marcharse aún sin creerme.
-
Entonces… ¿estás con un chico?
-
Tampoco
-
¿Y por qué te cuesta abrirme? ¿Estás solo, verdad?
Soy tu amigo.
Estuve demasiado tiempo planeando una respuesta, y
él me conocía, sabía que mentía y que me encontraba en aprietos.
Hizo un pequeño esfuerzo y derribó la puerta aún con
mi oposición, me encontraba tan débil que mi resistencia era patética.
Quedó parado en medio del salón mirando a cada lado
de la casa con el ceño fruncido y los brazos cruzados.
-
¿Algún día vas a poder confiar en mí y decirme de
una vez qué te pasa? Realmente me siento ofendido.
No le respondí, solo me preocupaba que ambos
estuviesen en la casa, le eché un vistazo a la habitación y él siguió mi mirada
notando que la luz estaba encendida, así que para allí marchó y cuando yo me
interpuse de una forma acelerada y desquiciada me empujó con firmeza y se
apresuró a entrar.
-
¿Qué mierda te pasa?
Me preguntó cuando entré detrás de él, notando que
no había nada fuera de lo común en la habitación. Pero al comenzar a darme un
nuevo sermón algo acaparó la atención de ambos: asombrosamente la puerta del ropero,
que estaba unos centímetros abierta, se cerró del todo. No supe que hacer, y no
tuve ninguna reacción cuando Daniel se me alejó para llegar hacia la puerta. En
ese momento ya abatido por lo que suponía el estrés que causaría toda la
situación que se avecinaba me tumbé en el piso y cerré los ojos para no ver su
rostro aterrorizado al ver a Karen. Sentí el suave rechinar de la puerta al ser
abierta y tres segundos más tarde un grito que me heló la sangre, de tal grado
fue que junto con su grito mi garganta lo imitó y me vi gritando junto a él por
el terror que me había causado.
Cerró la puerta del ropero de un portazo y aún dando
gritos de pánico se alejó de la habitación y de la casa; sin prestarme
atención, con un terror dibujado en su cara que se debía mucho más que a la
sorpresa de ver a un difunto, era como si hubiese visto la cara del demonio,
sólo algo de esa índole le hubiese causado tal horror.
Me paré del suelo y sentí a la casa de una forma
turbia, la repentina calma que guardaba el lugar se había disipado por los
gritos que habíamos dado y que hasta a algunos perros de la zona habían
alarmado.
Caminé hacia
la puerta principal pero no lo vi entre la oscuridad, sentí a alguien
rodeándome por detrás y ya no le presté atención a Daniel, Karen había salido
de su escondite directo a consolarme.
-
¡Nadie podrá entender que has vuelto! ¡Ni siquiera
entiendo yo por qué se ha alarmado tanto! Seguís tan bella como siempre.
Ella no dijo nada, como de costumbre, y me tuve que
conformar con su compañía. Me acompañó al dormitorio y ahí deliberé lo que debía
hacer, no lo quería llamar ni ir a buscar ¡nada de lo que le dijera iba a
tranquilizarlo! Y ahí, dubitativo, con en el continuo cortejo de Karen, decidí
dejarlo pasar, mi mujer era más importante que él, ¡que lo supiera!
Me dolía la garganta y mi cuerpo seguía nervioso por
lo que había sucedido, me sentía cansado, mareado y me costaba moverme, pero
aún así el angelical rostro de Karen me exigía atención y me acompañaba a
olvidar lo que había sucedido.
Pasó sus piernas a cada lado de mi cadera, echó mi
cabeza hacia atrás y posó su frente sobre la mía, sus brillantes bucles caían a
cada lado de mi rostro como una cortina que ocultaba todo lo que me rodeaba.
Sentí únicamente el aroma suave de su piel y veía sus ojos cerrados con
serenidad, poco a poco una leve sonrisa marcó los pocitos que se le formaba en
las mejillas; y en medio de ese silencio sobrecogedor susurró, con una vos que
desconocía totalmente: DÉBIL
Y sin yo tener tiempo de reaccionar me besó la boca
de forma brusca, como queriendo succionarme, sentí sus labios moviéndose con
dureza y su lengua áspera y seca queriendo llegar a lo más profundo de mi
garganta, aún así, sintiéndome devorado no pude defenderme, como si me hubiese
inyectado alguna clase de anestesia.
Irresistible, sin sentido… pero irresistible…
¡NO!
El grito rompió con la peligrosa armonía y el
encanto que ella tenía sobre mí.
Se dio vuelta alterada y al ver al sujeto en la
puerta me tomó con fuerza de los hombros, tanto que me lastimaba. Una vez más,
uno de los extraños hombres que habían entrado en mi casa la pasada noche se
encontraba nuevamente en la puerta, esta vez sin intenciones de escapar al
verme a mí con Karen.
¡KAREN! Le grité al sentir sus dedos marcando mi
piel. ¡No! Volvió a gritar el hombre hacia nosotros y se acercó sacando un
extraño frasco de su bolsillo, a cada pasó que dio, Karen hundió más sus dedos
en mí, apresada por el pánico que el hombre le causaba, ni siquiera intenté
comprender por qué se encontraba allí, ella se convirtió de un momento a otro
en un ser lleno de oscuridad que sólo me trasmitía miedo y ansiedad.
¡Atrás! Gritó, y sacudiendo el frasco nos roseó con
un líquido trasparente, mi reacción sencillamente fue la misma que hubiese
tenido si me mojaran con agua, sin embargo, mi amada Karen pareció ser sometida
a un potente ácido; dando un grito estremecedor se apartó de mí con brusquedad
y corrió hacia el otro lado de la habitación y ante mis ojos empezó a escalar
la pared hasta arrinconarse en una esquina. El hombre, con decisión, se acercó
a ella y volvió a arrojarle el líquido, ella, de tanto dolor y desesperación
que sentía al tener contacto con la extraña sustancia perdió su equilibrio y
cayó al suelo destruyendo uno de los veladores, y ante el escenario más
corriente de la escena: mi casa, tan normal como siempre, presencié el evento
más traumático que alguna vez haya vivido y que pocos humanos apenas podrían
imaginar, porque en cuanto cayó al suelo, el hombre desvainó de algún lado
oculto en su chaqueta un filoso machete como de cuarenta centímetros y cuando
ella lo vio dio unos gritos que me conectaron directamente con el infierno:
agudos, mezcla entre chillido y lamento, potente y mezclado, porque de una sola
boca parecían salir cientos de gritos que retumbaban aún en el precario lugar.
Estuve a punto de desmayarme, pero no lo hice,
porque una mínima conexión con ella seguía presente, y aún viendo en ella un
ser macabro, no podía dejar que nada malo le pasase.
¡No! Intenté gritar, pero mi mustio cuerpo fue
apresado por manos que me rodeaban.
Logré identificar al otro sujeto que acompañaba al
extraño y que me sostenía por un lado y a mi amigo Daniel, que llorando
desconsoladamente intentaba sujetarme mientras luchaba por soportar dicha
escena. Contemplé como el sujeto empezó a dar golpes con la filosa arma en el
frágil cuerpo de Karen, mientras ésta, menuda e indefensa, intentaba protegerse
con sus brazos de tan salvaje ataque mientras seguía gritando de agonía.
¡No! Volví a gritar al ver la sangre salpicar por
las paredes, por la cama…
La fuerza pareció abandonar mi cuerpo del todo, mis
músculos frágiles parecían recibir los machetazos por ella.
¡No!
-
¡Mirala! ¡Mirala! ¡No es ella! ¡No seas débil,
intentá verla! ¡INTENTA VER!
Observé el rostro abatido de mi amigo intentando
comprenderlo y cuando nuevamente miré a Karen descubrí la verdad, la única
verdad:
En el suelo, agonizando, destrozada, se encontraba
una figura que apenas había conocido mientras yacía con Karen, un ser
monstruoso semejante a un simio, de largas y lampiñas extremidades, carecía de
ojos y su boca, enorme, estaba cubierta de innumerables dientes amarillentos,
de su cara surgían cientos de arrugas y pelos blancos.
¡Esa era! ¡Esa era la criatura que se escondía en mi
armario y con la que ciegamente yací todas las noches! Ella, con su poder
demoníaco me mostraba lo que yo quería ver, y fui engañado una y otra vez
¡débil! Me daba asco eso, la situación, yo. Vomité en medio de la habitación al
compás de los gritos de la criatura que moría en manos del hombre. Y en medio
de su agonía tuvo tiempo para dirigir su horripilante rostro hacia mí y reír… reír
de forma burlona y a la vez triunfante. ¡Te
robé la esencia! ¡Te hice creer y me aproveché de tu estúpida debilidad!
Lloré desesperado, quería morir… ¡Siempre lo había sabido!
Pero preferí caer en la comodidad de la mentira ¡La dulce y calmante mentira
que curaba mi dolor! ¡DÉBIL!
SÚCUBO, vampiro que alimenté noche tras noche a
través del deseo carnal, de eso se alimentan, esa es la naturaleza del súcubo,
poder demoníaco que hipnotiza a los débiles con el fin de robarles su juventud,
su vida ¡Ay! ¡Y casi caí como muchos otros!
Y eso hubiese elegido, porque haber confundido a
Karen con esa criatura rastrera que se había refugiado en mi dormitorio,
atraída por el debilitamiento que la muerte de Karen me había invadido era
imperdonable ¡la muerte hubiese sido mi destino si eses hombres especializados
no le hubiesen seguido el rastro! ¡Que algún dios noble los bendiga!
Y Karen, por favor… perdoname ¿Cómo pude? Soy
despreciable, confundí tu dulce figura, olvidé tu hermoso intelecto y me rebajé
a lo ordinario… Y desde que esa criatura me hechizó en mi habitación creí
convertirme en sombra, ya no era humano porque no me cuestionaba el por qué o
el cómo, nunca fui racional, nunca busqué una verdad a toda esta situación.
Pero ahora noto y me doy cuenta de que siempre fui
más humano que de costumbre, porque me dejé llevar por el vicio, me cegué a lo
obvio… Eso fui y eso somos, soy un
hombre débil e inestable como todos; es mucho mejor engañarse, ser superficial
y mezquino, las verdades nos matan ¡soy bien humano! ¡Karen! Yo sé que me
escuchas, después de esto creo en todo: el bien, el mal, el más allá, por
favor… ¡Perdoname! ¡Karen, te amo!
INFORMACIÓN sobre el Súcubo:
El súcubo (del latín succŭbus, de succubare, «reposar debajo»), según las leyenda medievales occidentales, es un demonio que toma la forma de una mujer atractiva para seducir a los varones, sobre todo a los adolescentes y a los monjes, introduciéndose en sus sueños y fantasías. En general son mujeres de gran sensualidad, y de una extrema belleza incandescente.
Por más información: http://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%BAcubo
INFORMACIÓN sobre el Súcubo:
El súcubo (del latín succŭbus, de succubare, «reposar debajo»), según las leyenda medievales occidentales, es un demonio que toma la forma de una mujer atractiva para seducir a los varones, sobre todo a los adolescentes y a los monjes, introduciéndose en sus sueños y fantasías. En general son mujeres de gran sensualidad, y de una extrema belleza incandescente.
Por más información: http://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%BAcubo

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